Ni héroes ni heroínas
El planeta sufriendo
una de las pestes modernas más contagiosas, las economías cayendo una a una sin
poder dar respuestas adecuadas al momento que se vive, los trabajadores de
salud exigidos al máximo en sus lugares de trabajo tratando de dar respuestas
efectivas, las personas sin entender la importancia del aislamiento social, ya
sea por egoísmo o por simple ignorancia, ambos resultados negativos del sistema
económico impuesto a la fuerza; al menos en Chile. Especuladores jugando al
desabastecimiento para poder subir precios de productos de primera necesidad,
en fin, mil detalles que se suman a esta pandemia.
Desde Europa, Asia y
Estados Unidos, nos bombardean con noticias acerca de la gran cantidad de
muertos producto de esta pandemia, desgarradoras imágenes de Ecuador, donde los
muertos quedan en las calles, un escenario complejo para cualquier
estado-nación, realidad de la cual, por cierto, no estamos exentos.
En estos días más de
100 días desde que se informó el primer caso en Wuhan (yahoo para algunos) he leído
diversas columnas de opinión, de personas destacadas en lo académico, político,
económico y las visiones son tan sesgadas que difícilmente nos permitirán
avanzar rápido y ser propositivos en vez de reactivos. Ejemplo de esto es la
implementación de una mesa social Covid-19, integrada por autoridades
políticas, comunales, algunos médicos renombrados, economistas del oficialismo
(que no faltan) que en su realidad de altas esferas se han olvidado de las
cosas básicas que también deben verse en esta mesa social. Se perdió la visión
operacional del problema, no hay convicción de país, si no de sectores y ni
siquiera de sectores, sino de clases. (Ya habrá tiempo para dedicarle a esta
mesa social)
Chile decretó el estado
de excepción constitucional de catástrofe, que le permite al estado disponer de
propiedad y bienes (requisición de bienes) y en vez de ejercer ese derecho,
prefiere utilizar recursos que podrían tener otros fines, en arriendos de
infraestructura que no necesita. Es aquí donde se exacerba la diferencia de
clases de la que hablaba; se implementan 800 camas clínicas en el Espacio
Riesco (el cual está en arriendo por casi M$18 mensuales), camas clínicas
nuevas en un espacio con aire acondicionado y sistema de ventilación adecuado
(carencia de algunos hospitales hasta el día de hoy) y en regiones apenas
alcanza para catres de campaña en algún gimnasio... ¿así es como esta mesa
social quiere enfrentar la crisis? , se nota a leguas que no tienen idea de la
realidad del resto de la sociedad y poco les importa, tratando de apagar con
gasolina las exigencias del “estallido social” , eso pasa cuando el nivel
operativo, los que de verdad están donde las papas queman, son excluidos de
estas instancias de toma de decisiones.
Puesto en contexto la
situación que veo del país, me atrevo a hacer una reflexión aún más allá de lo
que vivimos en el día a día. Cuando comenzó en Chile a subir la curva de
contagio por covid-19, ya estábamos bombardeados por redes sociales y noticias
de todo el mundo, de lo difícil que era mantener la cuarentena y aislamiento
social, lo difícil que había sido (y sigue siendo) en países del primer mundo
poder dar solución a estas nuevas necesidades sanitarias, en lo técnico y
estructural, se implementaron medidas de rescate desesperadas, el equipo de
salud trabajando en maratónicas jornadas con miedo de contagiar a sus familias
cuando volvieran a sus casas, personas muriendo por miles diariamente sin una
posibilidad cierta de contener la situación, el desgaste emocional, psíquico y
físico de estas personas, el miedo, y la ausencia de contención de esta
experiencia, ha llevado incluso a algunos de estos trabajadores al suicidio. Esta
y otras razones provocaron en la sociedad en su conjunto (europea inicialmente)
a reconocer el valor de quienes están en lo que hoy llamamos primera y última
línea. Aplausos desde sus balcones, vítores y agradecimientos inundaron también
las redes sociales. Chile, hizo un remedo de esta situación, cuando aún estaba
en ciernes la crisis sanitaria, salió a sus balcones y patios a aplaudir a los
trabajadores de la salud, incluso hace unos días atrás, el propio ministro de
salud llamó a la población a aplaudirnos, a agradecernos lo valiosos que somos
hoy para la sociedad. El llamado fue a reconocer el valor del trabajador de
salud, el trabajador sanitario, ese que está poniendo el pecho a las balas y se
enfrenta mirando cara a cara a la muerte haciendo gala de su convicción y
vocación de servicio, esa misma vocación que ha sido tantas veces cuestionada
por esa misma gente que hoy nos aplaude.
Cuando hemos salido a
las calles a manifestar nuestro descontento por el abandono sistemático y
debilitamiento estructural de la salud pública, cuando hemos paralizado en
alguna ocasión para mejorar equipamiento e infraestructura para atenderlos a
ellos, a nuestro respetable público que nos aplaude y vitorea obedeciendo al
ministro, cuando hemos salido a las calles a marchar para defender los derechos
de esta población, hemos sido apuntados con el dedo, duramente criticados, nos
han llamado flojos, abusadores, inescrupulosos, llorones y un sin número de
epítetos y adjetivos peyorativos, denostando nuestra dignidad y de paso la de
ellos mismos. Tenemos plena conciencia que nuestro sistema sanitario no es
solidario, que los más pobres se mueren porque no tienen dinero, tenemos claro
que las soluciones que entregamos son las que tenemos a mano y no las que
realmente podríamos entregar si los recursos fueran debidamente gestionados,
pero en Chile eso no pasa, eso no se usa, eso no debe ser, la salud no es un
derecho, la constitución no garantiza el derecho a la salud, sino el derecho a
elegir entre la salud pública y privada, en Chile el ciudadano pobre no tiene
derechos, solo obligaciones y está obligado a esperar en listas eternas a que
le resuelvan sus problemas.
Hemos luchado desde
siempre defendiendo los derechos de las personas, queremos que por fin en Chile
se tome en serio la salud pública, queremos que todos tengamos las mismas
posibilidades de recuperarnos después de una enfermedad, queremos un estado que
defienda a la persona por lo que es, no por el dinero que tiene. Sin embargo, el
gobierno sigue velando por los intereses de los privados, por mantener a los grandes
grupos económicos en paz, quiere frenar esta pandemia y no ha dejado de
funcionar ni el transporte público, quiere que los niños vuelvan a clases en 2
semanas, cuando será el momento de mayor contagio según todas las proyecciones
y experiencias internacionales, adelantó las vacaciones, vacaciones de que, si nuestros
niños tuvieron que quedarse encerrados sin poder salir ni a jugar a la plaza,
porque los papás tenían que trabajar igual, porque la cuarentena es solo para
algunos, porque el gobierno no quiere tocar el modelo… Esta es una batalla que
no vamos a ganar mientras no se tomen las decisiones adecuadas y ni el ministro
ni el presidente son capaces de hacerlo, pues eso significaría darle la razón a
quienes han excluido permanentemente de todas las instancias de toma de
decisiones, sería darle la razón a la gente común y silvestre. En fin, es lo
que nos merecemos por culpa de los que no fueron a votar ese día y prefirieron
quedarse en casa, que probablemente sean los mismos que hacen taco para salir
de la ciudad en fin de semana largo, los mismos que incumplen las normas de
cuarentena importándoles nada el resto de nosotros.
Hoy, cuando realmente
necesitamos que nuestro sistema sanitario demuestre sus fortalezas, nos
encontraremos con profesionales cansados, agotados en lo físico y emocional,
porque han dedicado su vida en hacer lo mejor posible con lo que hay, con lo
que el estado les ha negado sistemáticamente y cuyo resultado es ver sin
excepción, cómo el menos favorecido muere sin respuestas ni soluciones. Hoy los
aplausos son reconfortantes, pero no los necesitaremos solo hoy, también
mañana, cuando hayamos superado esta crisis entre todos a costa de este frágil
sistema, queremos salir fortalecidos de esta crisis, y es hoy y mañana cuando más
necesitaremos esos aplausos, porque no somos héroes ni heroínas, somos simples
trabajadores conscientes de nuestras deficiencias y por lo mismo queremos
seguir creciendo. Mañana sus aplausos serán más importantes aún porque nos
darán la fuerza para volver a salir a la calle a exigir sus derechos, sus
necesidades, mientras siguen aplaudiendo caminando a nuestro lado.
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